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¿Son posibles la ética y la transparencia en la industria del fútbol?

Alrededor del deporte estrella se mueven pasiones y sentimientos desbocados, pero también se amasan fajos de dinero provenientes de patrocinios, apuestas, taquillas, derechos de televisión, etc.

“El fútbol no es nada más que el reflejo de la sociedad en que vivimos; el dinero es muy poderoso y absorbente” (Gabriel Masfurroll)
Ana Ayala Moreno
2017-12-27

Si el fútbol fuera tan solo pasión, cada cuatro años no miraríamos el crecimiento de las finanzas de un Mundial de Fútbol, el evento deportivo más rentable del planeta. Brasil 2014 significó para la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) un ingreso de 4.800 millones de dólares, de los que 2.000 millones fueron ganancia, según la BBC.

Ahora bien, los jugadores que aún no han alcanzado su máximo rendimiento dentro del campo son la ética y la transparencia. Basta con recordar el FIFAgate, el mayor escándalo de corrupción que involucró a la máxima autoridad del futbol, descubierto en mayo de 2015. Se arrestó a siete miembros de la FIFA acusados de lavado de dinero, de fraudes y de aceptar coimas de medios de comunicación, entre otros cargos.

“El fútbol pasó de ser un deporte a ser un espectáculo, y luego una industria en la que el dinero está por encima de todo. El deporte per se ha ido por delante de las reglas, en su propia práctica ha intentado hacer trampa”, sostiene Gabriel Masfurroll, exvicepresidente del F. C. Barcelona, uno de los panelistas del Summit de Transparencia 2017, evento realizado por KREAB Ecuador que abordó —por primera vez en Quito— la transparencia empresarial y los principios de un buen gobierno corporativo en diversos ámbitos, entre ellos el del fútbol.

“El fútbol y el deporte en general están sufriendo una lucha entre la ética y el buen hacer contra la necesidad imperiosa de resultados ligada a aspectos financieros”, prosigue el exdirigente español. El negocio que existe alrededor del fútbol se visibiliza con una cifra recogida del estudio Football Money League elaborado por Deloitte: los 20 clubes de fútbol con mayor facturación del mundo acumularon cerca de 7.400 millones de euros en ingresos durante la temporada 2015-2016, alcanzando un récord histórico. “El fútbol no es nada más que el reflejo de la sociedad en que vivimos; el dinero es muy poderoso y absorbente”, comenta Masfurroll.

Por su parte, Eugenio Martínez Bravo, presidente de la Plataforma Blanca del Real Madrid C. F., piensa que actualmente se está dando una transformación del fútbol, en el que los jugadores de alto rendimiento se vuelven marcas, generándose intereses diferentes a lo que son el fútbol y el deporte en sí.

Un ejemplo de ello son Cristiano Ronaldo y Lionel Messi; los dos se encuentran en el Top 5 de la lista 2017 de la revista Forbes de los deportistas mejor pagados del mundo. Cristiano, en primera posición del listado, cobró 93 millones de dólares: 58 millones corresponden a sus salarios del Real Madrid y 35 a publicidades. Messi se ubicó tercero en el ranking, con ingresos de 53 millones de dólares por sueldos del Barcelona más 27 millones recibidos por los patrocinios; en total, el astro argentino ganó 80 millones.

Un tema que Masfurroll considera antiético, dentro no solo del fútbol sino del deporte en general, es el dopaje. Recuerda que cuando fue nadador de alta competición los propios entrenadores tenían la intención de suministrarles productos que les dieran mayor fuerza. Con el fin de combatir este mal, la FIFA mantiene una asociación con la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) para proteger la salud de los deportistas y velar por que haya justicia en la competición.

El fútbol es la competencia que registra la mayor cantidad de análisis de dopaje, con un promedio de 30.000 muestras al año, de acuerdo a las estadísticas de la AMA. El rey de los deportes presenta una incidencia general muy baja de análisis positivos, por debajo del 0,45% (0,42% en 2011; 0,40% en 2012; 0,29% en 2013; 0,20% en 2014; 0,24% en 2015).

Por otro lado, los comentarios de Esteban Paz, dirigente de Liga Deportiva Universitaria de Quito, miran a la transparencia desde una responsabilidad administrativa. Al referirse a la gestión en Ecuador comenta que “hay muchos dirigentes a los que les gusta mantener estructuras manipulables”, acomodándose al momento económico y político del momento. “Hay que romper esa burocracia que mantienen las federaciones y volverlas más empresariales, con directores y ejecutivos que no permitan que se designen reglamentos a dedo”, dice.

Con esto coincide Masfurroll, quien indica que la evolución del deporte va más deprisa que su gestión, es decir: “Tú vas a clubes importantes y la imagen que desprenden es de grandes marcas, de grandes imperios; pero luego, detrás, la gestión es muy débil y muy mala comparada con lo que están manejando. Esto es algo en lo que hay que trabajar”.

Según Martínez Bravo, otro punto débil en la transparencia y la ética es la hinchada. A su criterio, al aficionado le dan igual estos dos puntos, lo que desea de su equipo son títulos y goles. Indica que a quienes en realidad les importa la transparencia son a los patrocinadores. “La única esperanza que yo tengo es que luchemos para que los dirigentes se den cuenta de que esto es pan para hoy y hambre para mañana; si no cambian las cosas, las marcas solo se asociarán con aquellos clubes que tengan códigos de conducta y códigos de ética”.

Pero, ¿cómo ser más transparentes y actuar bajo la ética en el deporte? Ana Carolina Lara, miembro del equipo ecuatoriano Independiente del Valle, reflexiona sobre la responsabilidad de trabajar con los jóvenes. Al ser el suyo un club formador, comenta que “el cambio debe empezar desde casa: al jugador hay que darle una buena educación y formación, que pueda transmitirlas en su entorno, a sus vecinos, a su familia, a sus amigos, que sean agentes de cambio”. Piensa que hay que dejar de ver la corrupción como un hecho normal y que los jóvenes jugadores se han de cuestionar sobre estos actos para no seguir un modelo que no lleva a nada bueno.

Martínez Bravo concuerda con la premisa de Lara, tomando en cuenta que para muchos, sobre todo para los niños, un jugador puede ser un ídolo y un ejemplo a seguir, y no cree que sea honesto que estos “superhéroes” desfilen por las fiscalías por casos de corrupción.

En un “entorno mafioso” —de acuerdo a las palabras de Masfurroll— como es el fútbol, en el que hay conflictos de intereses, no es fácil luchar contra la corrupción, “porque detrás de las cabezas hay otros grandes que lo controlan todo”. Sin embargo, Esteban Paz menciona que el papel de una verdadera dirigencia de clubes debe ser enfrentar esos casos fraudulentos, por encima de las repercusiones.

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AUTORA DEL ARTÍCULO:
Ana Ayala Moreno
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periodista, NUMBERS by KREAB

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