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¿"Quo vadis", Cataluña?

Escribo estas líneas tras regresar de un fructífero y a la vez mentalmente saludable viaje por el continente latinoamericano. Decidí seguir los pasos de mi idolatrado ―aunque ficticio― reportero Tintín, dibujado y guionado por el reconocido artista belga Hergé. Seguí el recorrido de sus aventuras en el Templo del Sol y llegué al Ecuador, a la preciosa Quito, cuya Cámara de Comercio celebraba su 111 aniversario, evento en el que tuve el honor de intervenir.

Hoy se celebran en Cataluña (España) unas elecciones autonómicas claves
Gabriel Masfurroll
2017-12-21

Necesitaba salir de mi país, aislarme de la increíble crisis que estamos viviendo y poner distancia, alejándome de la tremenda endogamia que nos atenaza y no nos deja ver más allá. Desde este otro mundo, otras formas de pensar me han permitido analizar con mayor objetividad el porqué de todo lo que nos está sucediendo en Cataluña y España. Quizá no sea políticamente correcto que lo diga, pero los países que estos días me dieron su hospitalidad sí sufrieron una fuerte colonización, por lo que analizar desde ahí lo que nos sucede me da una perspectiva muy diferente. Solo mirar su entorno y la reciente historia me permitió comprender muchas cosas. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero ver y conocer la historia de otros países, sus consecuencias y resultados, suele ser muy pedagógico.

Físicamente alejado de mi tierra, Cataluña y España, donde en estos momentos vivimos circunstancias difíciles de explicar a terceros, me es más fácil expresar mi opinión, que, por supuesto, no tiene por qué ser la más válida, pero sí que es la de un ciudadano catalán con profundas raíces y que no acepta lecciones de catalanismo, y menos de según quién. Cuando me preguntan qué está sucediendo en mi país, trato de explicarme lo mejor que sé y puedo, pero es difícil contar a los demás aquello que uno mismo no es capaz de entender.

Respeto a los que piensan y opinan distinto, pero reclamo que a mí me respeten también. Estoy cansado, harto, diría yo, de gente que quiere darnos lecciones, que miente y nos trata de manipular. Más hechos y menos palabrería y teatro de poca monta.

Me llaman amigos, conocidos y “saludados” ―como diría el insigne escritor catalán Josep Pla― desde muchas partes de nuestro planeta, incrédulos por lo que se cuenta que sucede por nuestros lares. Muchos de ellos han conocido la belleza de Cataluña y su hospitalidad, y no pueden entender qué nos está sucediendo.

Algunos de ellos, más de la cuenta, viven reprimidos, censurados, escasos de libertades en países con regímenes totalitarios… y estos, que han pisado y disfrutado nuestra tierra, aún lo entienden menos. Es cierto que podemos mejorar y debemos tratar de conseguir una sociedad con mayor equidad e igualdad de oportunidades, pero el camino elegido por algunos, basado en una ruta desconocida y sin GPS, nos está haciendo retroceder unos cuantos años y, lo que es peor, ha dividido a la sociedad catalana, provocando heridas que tardarán unas cuantas generaciones en cicatrizar. Me pregunto cuántos de los que dicen que quieren independizarse saben a ciencia cierta cuál es el destino final y el camino a recorrer. Nadie lo ha explicado, porque no existe. Si supieran cuánta gente nos considera unos privilegiados y cuántos se cambiarían por nosotros… Desgraciadamente, solo aprecias lo que tienes cuando lo has perdido, y esto empieza a pasarnos.

Lo que me enerva es que nadie cuenta quiénes son los verdaderos estrategas de todo este dislate. Son los invisibles de siempre, los que, pase lo que pase, jamás sufrirán. Son unos pocos, pero muy poderosos e inteligentes, y bien organizados. Sus bienes y sus intereses son globales, y ahora se permiten jugar con todos nosotros, los unos y los otros. Financian, dirigen, manejan, pero siempre en la sombra, desde la invisibilidad, y sus aliados muchas veces lo son solo por interés propio. Jamás sufren daños y, si suceden desgracias, para ellos solo son daños colaterales. Siempre tienen salidas de escape bien organizadas. Utilizan todos los recursos, todos: los suyos, pero principalmente los ajenos. Los demás somos sus instrumentos y marionetas.

Lo más curioso es que algunos que creen que lideran movimientos ciudadanos no son más que marionetas en manos de ellos. Hoy en día, gracias al mundo global, sus bienes están esparcidos por el mundo y por lo tanto diversificados y protegidos. No quieren Estados que les controlen. Tienen nombres y apellidos, pero nunca aparecen. Me refiero a personajes ambiciosos, poderosos y sin escrúpulos que no dudan en aliarse con quien sea para seguir aumentando su poder a costa de dividir, manipular y engañar a unos y otros. Estos son los verdaderos culpables, los que mueven los hilos, los que nadie sabe que existen y los que siempre se van de rositas. Los demás, todos, unos y otros, independentistas y constitucionalistas, mujeres y hombres de buena fe, empresarios y empleados, funcionarios, políticos, pensionistas, niños, adolescentes y tantos más, vivimos sujetos a sus influencias y manejos, aunque algunos aún sigan inocentemente creyendo en la soberanía del pueblo y en un full de ruta (hoja de ruta) ilusorio y diría que insultante a la inteligencia, que no dice nada… Perdón, sí, provoca pérdida de empresas, aumento del desempleo, pérdida de ingresos por turismo, pérdida de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés), que desde el Brexit estaba prácticamente destinada a Barcelona, capital de la industria de la salud del sur de Europa, además de muchas otras prerrogativas que, de no remediarlo, iremos perdiendo en el futuro. Y a partir de ahí, el efecto cascada, que puede ser imparable.

Para empezar, veremos qué sucede con el Mobile World Congress 2018. Hemos iniciado, si no lo remediamos entre todos, una ruta con destino a la pobreza, algo que sí satisface a algunos, pues creen que así justificarán la revolución que tanto anhelan. Los invisibles y sus acólitos han diseñado, durante años, relatos con destinos idílicos, totalmente ficticios, que usan para convencer a la gente de buena fe, a aquellos que luego dejarán tirados, pues los invisibles tienen recursos para sobrevivir varias generaciones aunque todo vaya mal, pero los demás no.

Solo por el bien de las jóvenes generaciones que deberán asumir el legado de este mundo conflictivo y convulso que les estamos dejando ―y ojalá me equivoque―, no deberíamos hacerles el juego. Quizás esta reflexión sea fruto del estrés y me halle en un estado de paranoia temporal, pero me temo que no, pues el haber estado en la otra parte del planeta y la distancia me han dado cierta objetividad. Solo me encomiendo al destino, pido que la suerte nos acompañe y que ojalá podamos cambiar el legado que estamos dejando; eso sí, a los invisibles les deseo que traspasen el umbral de Rilke y se conviertan en visibles para que todos sepamos quiénes son, cómo piensan y cómo actúan...

Curiosamente, y el destino no es caprichoso, en esta historia se juntan tres países: España y Cataluña, mi origen y mis raíces, Ecuador, mi destino y lugar de reflexión, y Bélgica, patria de Hergé y de Tintín y donde curiosamente residen ahora tanto el expresidente del Ecuador, Rafael Correa, como el expresidente de Cataluña, Carles Puigdemont. ¡Qué grande es el mundo y qué pequeño parece a veces!

Como colofón, y ya que escribo para NUMBERS, quiero exponer algunos números que explican el impacto negativo que el llamado procés está provocando en Cataluña, sin contar el daño social que ya se ha producido. Son los siguientes:

Sin querer frivolizar, apunto una buena noticia. Lionel Messi, el mejor jugador de la historia del fútbol, ha renovado por cuatro años más con el F. C. Barcelona, lo que le diferencia de otros astros del balón que se decantan menos por sus colores y más por sus intereses. Leo llegó a Barcelona con 12 años ―yo era vicepresidente del club en aquella época―; son diecisiete años de fidelidad común, de win-win, un ejemplo a seguir. Si Messi apuesta por Barcelona, es un signo de confianza que todos deberíamos valorar mucho, pues lo fácil, y lo que muchos otros habrían hecho, era irse a otro país cobrando probablemente más… pero sin estar en casa. Gracias por el ejemplo, Lionel.

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Cuando me preguntan qué está sucediendo en mi país, trato de explicarme lo mejor que sé y puedo, pero es difícil contar a los demás aquello que uno mismo no es capaz de entender

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AUTOR DEL ARTÍCULO:
Gabriel Masfurroll
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empresario y Board Member de KREAB Iberia,
www.gabrielmasfurroll.com

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