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¿Qué le pasó "realmente" a Hillary?

El Donald Trump que se dirigió a una audiencia de quizás 100 personas en la comunidad de la Pequeña Haití en Miami siete semanas antes del día de las elecciones parecía ser un impostor.

Ha pasado un año del más impresionante contratiempo electoral en la historia de Estados Unidos
Jon Jeter
2017-10-26

Jon Jeter,
escritor; fue periodista del Washington Post

El Donald Trump que se dirigió a una audiencia de quizás 100 personas en la comunidad de la Pequeña Haití en Miami siete semanas antes del día de las elecciones parecía ser un impostor.

Habían desaparecido la bravuconería, la beligerancia y el omnipresente toque de peligro que habían venido caracterizando los discursos rutinarios del candidato en sus presentaciones de campaña. Este Donald Trump, que se situó en el podio dentro de un centro comunitario con una acogedora sala de conferencias en una tarde de otoño, era infaliblemente educado, de tono moderado, de lenguaje humilde y de maneras más conciliadoras que crudas, como si él fuera sincero acerca de ganar el voto de la comunidad inmigrante, que es clave en el electorado demócrata del sur de Florida.

“Haití mostró al mundo gran corazón y enorme resiliencia”, dijo sobre el terremoto catastrófico que sacudió el país en 2010. Y aun así, “cuando Haití necesitaba más ayuda, la secretaria de Estado Clinton fue la responsable de hacer cosas con las que muchos de los haitianos no estaban contentos. Sabemos que los dólares de los contribuyentes destinados a Haití y a las víctimas del terremoto fueron a los compinches de Clinton”, dijo, refiriéndose a los informes de que las donaciones a la Fundación Clinton hicieron poco para aliviar el sufrimiento provocado después del terremoto.

“Hoy vamos a empezar un nuevo capítulo. Juntos vamos a construir una relación basada en el respeto mutuo, la amistad y el amor, y realmente vamos a hacer algo muy especial con nuestros valores comúnmente compartidos…”.

“Voten o no por mí, seré su mejor campeón. Mi oponente llama a quienes no la apoyan «deplorables»; ustedes no son deplorables, no este grupo... Estoy contendiendo para representar a los haitiano-estadounidenses, a los afro-americanos y a los asiáticos, (y) el primer punto de mi agenda es empleos, empleos, empleos”.

Cuando terminó, apretó su cintura en una silla modesta con un marco estrecho, mientras el público aplaudía ensordecedoramente. “Él es el primer candidato presidencial de Estados Unidos en la historia que visita a la comunidad haitiana”, dijo el moderador entre una y otra ronda de aplausos. “Los otros vinieron a recoger el cheque y nunca los vimos de nuevo… Los Clinton han manejado Haití por 25 años”, dijo repitiendo una creencia ampliamente sostenida entre los haitianos de que la pareja de poder hizo explotar un golpe contra el expresidente Jean-Bertrand Aristide para beneficiar a los donantes políticos, “y ellos decían...: Haití está abierta para los negocios, ¡pero la comunidad haitiana sabía que Haití estaba abierta a los negocios truchos!”.

Un año después del más impresionante contratiempo electoral en la historia de Estados Unidos —y hasta del mundo—, la mayoría de la información post mortem de los medios continúa enfocándose en acusaciones de que el presidente ruso Vladimir Putin de alguna manera arregló las urnas que le costaron la Casa Blanca a la candidata demócrata, Hillary Clinton.

Pero mientras las pruebas contundentes que puedan implican a Putin aún no han aflorado, los números sugieren que la verdadera saboteadora fue la mismísima Clinton.

La participación de los votantes negros en la elección presidencial disminuyó en Estados Unidos en 2016 por primera vez en 20 años, cayendo al 59% después de alcanzar un récord de 66,6% en la postulación de Barack Obama para la reelección de 2012. La disminución de siete puntos porcentuales representa la mayor disminución por parte de cualquier grupo racial o étnico en Estados Unidos desde que la participación de los votantes blancos bajó del 70,2% en 1992 al 60,7% en 1996.

La apatía del votante resalta la tensa relación de Bill y Hillary Clinton con el bloque de votación más liberal del país, la cual se remonta a los días de la poderosa pareja en la mansión del gobernador de Arkansas.

A pesar de la recepción entusiasta lograda por Trump en Miami, este hizo poco para apaciguar a los votantes negros en general, quienes comenzaron a inclinarse por el Partido Demócrata a partir de la New Deal Administration de Franklin D. Roosevelt a principios de los años 30. Pero lo que sí pudo lograr fue una cosa mucho mejor: al reforzar un sentido de escepticismo sobre Clinton en la comunidad negra ayudó a convencer a un gran número de afroamericanos a quedarse en casa el día de las elecciones.

Para empeorar las cosas, se obtuvo la participación más baja en el crítico Estado de Florida y en el “muro azul” de los “Estados del cinturón de herrumbre” —Michigan, Wisconsin, Ohio y Pensilvania — ganados por Obama en 2012. Para cuando Clinton se dirigió a la comunidad haitiana del sur de Florida, Trump ya había hecho campaña dos veces, y ella pasó a perder el Estado más crítico por aproximadamente 120.000 votos, o más o menos la diferencia en la participación de los votantes negros de 2012 a 2016. Del mismo modo, en Detroit ella ganó con 50.000 votos menos que Obama cuatro años antes, y con 27.000 votos menos que Obama en la ciudad con mayoría negra de Milwaukee, lo que representa el margen de triunfo de Trump en el Estado, a pesar de que ganó con aproximadamente el mismo número de votos en este Estado —cerca de 1,4 millones— con que lo hizo el nominado Mitt Romney del Partido Republicano en 2012.

El número de votantes negros se redujo en unos 765.000, hasta los 16,4 millones en 2016. Con Barack Obama en la boleta electoral, la participación de los votantes negros en 2012 había superado a la de los blancos por primera vez; y mientras la participación de los votantes negros estaba a la baja, la participación de los votantes blancos aumentó ligeramente, del 64,1% en 2012 al 65,3% el año pasado.

Clinton no hizo ni una sola aparición de campaña en Milwaukee, donde los barrios de ingresos más bajos ilustran las malas matemáticas de los demócratas. De los 15 distritos municipales, el descenso de la participación de 2012 a 2016 en los cinco lugares más pobres representó la mitad del descenso de la concurrencia en general de la población de toda la ciudad, según The New York Times.

La caída más grande, según el periódico, estuvo en el distrito 15, una franja de casas de madera desvencijadas, de tiendas de sánduches y de restaurantes de comida rápida perteneciente en un 84% a personas negras que están entre los más pobres de la ciudad. En este distrito la participación de los votantes disminuyó un 19,5% desde el 2012, según Neil Albrecht, director ejecutivo de la Comisión Electoral de la ciudad de Milwaukee. Los vecindarios que componen este distrito también tienen una de las tasas per cápita de encarcelamiento más altas de la nación, lo que explica aún más el resentimiento ante las políticas duras de Clinton contra el crimen, que afectaron desproporcionadamente a las comunidades afroamericanas. “No me siento mal”, dijo un barbero negro, Cedric Fleming, a un reportero del Times unas pocas semanas después del día de las elecciones. “Milwaukee está cansado. Ambos eran terribles. De todos modos, nunca hacen nada por nosotros”.

Gene Ulm, un encuestador republicano, declaró al Detroit Free Press: “Donald Trump trajo un nuevo cálculo, una nueva forma de ganar (estos Estados), pero parte de eso estuvo en el colosal fracaso de ella. Ella no apareció ni tampoco blindó la coalición de Obama”.

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Mientras las pruebas contundentes que puedan implicar a Putin aún no han aflorado, los números sugieren que la verdadera saboteadora fue, de hecho, Clinton, quien hizo poco para abordar las preocupaciones de los partidarios más leales ―y liberales― del Partido Demócrata.

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