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OPINIÓN Reputación política: una vía para llegar al trono

Hay casos en que parecen enfrentarse dos formas de saber acerca de nosotros mismos: la opinión que nos muestra nuestra propia conciencia y la valoración y percepción de los demás. Y tenía razón Nietzsche al afirmar que, salvo casos excepcionales —que siempre los hay—, a las instituciones públicas y privadas, a los partidos políticos y a sus líderes, les importa más la reputación que lo que ellos pueden pensar acerca de sí mismos.

“Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, afirmó Maquiavelo
Carolina Albán
2017-08-22

Lic. Carolina Albán A.,
consultora política independiente

“Nos las arreglamos mejor con nuestra mala conciencia
que con nuestra mala reputación” (Nietzsche)

Hay casos en que parecen enfrentarse dos formas de saber acerca de nosotros mismos: la opinión que nos muestra nuestra propia conciencia y la valoración y percepción de los demás. Y tenía razón Nietzsche al afirmar que, salvo casos excepcionales —que siempre los hay—, a las instituciones públicas y privadas, a los partidos políticos y a sus líderes, les importa más la reputación que lo que ellos pueden pensar acerca de sí mismos.

El diagnóstico que ejercen hoy en día las figuras públicas, en su gran mayoría, es el de sobrevivir frente a la opinión pública; no solo en sus grupos de interés, sino también en el colectivo en general.

Este factor ha sido adoptado sin el menor interés por trabajar en la construcción de una reputación fiable; se busca más bien la fabricación de candidatos y líderes superficiales y que, en muchas situaciones, quieren aparentar y llegar al electorado como algo que no son. Pero diversas sociedades se han visto en la necesidad de mirar más allá para conocer quiénes los están gobernando.

Sin duda, este “trabajo casero” ha contado con la influencia de los medios de comunicación, quienes a diario sacan a la luz las valoraciones que la ciudadanía hace de los líderes de los partidos políticos, con el sobreentendido de que su reputación influirá en los votos que recibirá su partido.

Tal como recordaba Maquiavelo al príncipe que, a su juicio, debía conquistar el poder y salvar la república: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”. En este sentido, sin lugar a dudas, el mundo de la apariencia es el que atrae las voluntades, el que persuade, mientras que el de lo que realmente alguien es queda en el misterio de la conciencia.

La imagen y la reputación no pueden estar distantes: la una construye a la otra, de tal forma que puedan trabajar en sinergia. Capriotti manifiesta que la “imagen y la reputación son herramientas e instrumentos para influir en la representación de los públicos”, y a esto se añade el hecho de que la imagen es la representación mental que tienen los públicos sobre un candidato o partido político y la reputación es el conjunto de percepciones que tienen sobre ellos; siendo estas más complementarias que excluyentes.

Una figura pública, empresa o institución tiene varias reputaciones, y como regla general están muy alejadas las unas de los otras. Una de las principales tareas de un consultor político es la de intentar que coincidan.

No solo se debe observar lo que está en la superficie, sino el fondo, para poder medir y actuar de forma oportuna en orden a ganar una reputación positiva y fiable.

Es un aspecto de suma importancia el tomar en cuenta y evaluar el nivel de exposición que tienen los líderes políticos en sus diferentes redes sociales, ya que, hoy en día, estas posicionan o debilitan la imagen de un candidato de forma absoluta e inmediata. Por esta razón, una ingeniería social en estas herramientas ayudaría a estar alertas para sondear digitalmente el impacto de su imagen en la ciudadanía, para poder actuar sobre la marcha.

La participación de la sociedad es un factor que no debe quedar de lado, ya que los miembros de la sociedad son los principales actores que construyen, generan y difunden boca a boca la reputación de un candidato.

Con un análisis reputacional previo se podrían lograr mejores estrategias dentro de una campaña política o para el posicionamiento de la imagen dentro de una organización pública o privada, ya que al hacerlo con tiempo se optimizan recursos, tiempo, ideas, y, sin duda, esto permitiría aplicar una estrategia sólida y efectiva.

Hoy la imagen se ha convertido en un activo impalpable básico y en una herramienta imprescindible no solo para el desarrollo de negocios y empresas, sino para la generación de líderes de cambio en todas las disciplinas de la implicación humana.

Sin duda, no se puede dejar de lado el trabajo constante que se debe realizar para promover en el candidato un liderazgo natural, propio, que demuestre sus potencialidades como ser humano y como próximo representante de un cargo público.

Para ello es fundamental estudiar, descubrir y sacar lo mejor de este, con la finalidad de vender a un líder que tenga la capacidad de influenciar de forma positiva en la sociedad y cuyo carisma sea su carta abierta para llegar con su inteligencia al trono.

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