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Moda y sociedad: un reajuste necesario

Toda la población del planeta Tierra, es decir, unos 7.500 millones de personas, tienen arraigado el sentido del pudor. El pudor ha estado presente en las diferentes culturas y ha tomado distintos rumbos; es por ello que hoy la vestimenta es nuestro inevitable acompañante, nuestra segunda piel.

VESTUARIO: Anabel López; FOTOGRAFÍA: Gabriel González
Anabel López
2017-11-01

Anabel López,
diseñadora de modas (Quito)

Toda la población del planeta Tierra, es decir, unos 7.500 millones de personas, tienen arraigado el sentido del pudor. El pudor ha estado presente en las diferentes culturas y ha tomado distintos rumbos; es por ello que hoy la vestimenta es nuestro inevitable acompañante, nuestra segunda piel.

Comenzamos a cubrir nuestro cuerpo hace aproximadamente 170.000 años porque las pieles nos protegían de las condiciones climáticas. Fue un signo que, además de diferenciar al hombre del animal, determinaba el inicio de una lucha por el dominio de las condiciones de vida.

La moda siempre tiene relación con la apariencia. Se la usa para demostrar algo a través del aspecto. Antes demostraba el poder, el estatus, el linaje, hasta que con la burguesía giró todo en torno al dinero y con el vestir se probaba la potencia económica.

Las mujeres fueron las encargadas de expresar, con la utilización de su suntuosa vestimenta, el poder económico de su marido. Lo que usaron durante casi 400 años les resultó incómodo, al tiempo que dejaba en evidencia su inhabilidad de realizar actividades domésticas, laborales y productivas y ponía a flote la capacidad de manutención de su esposo, suficiente para mantener la vida de la mujer y la de sus hijos.

Así, la vestimenta ha representado siempre los valores característicos de una época y ha entrado en decadencia junto con ella. En la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, hubo escasez de materiales y las mujeres reciclaban sus prendas, y además usaron materiales alternativos como el papel de periódico o el cartón. Los colores también cambiaron: en esta época fueron oscuros y opacos. Fue una moda amarga…

La moda, en su sentido más amplio, es un conjunto de comportamientos significativos que expresan los valores característicos de una época, siendo independiente de la conciencia individual o colectiva. Abstrayéndonos del hombre o la mujer, la moda permanece y revela ciertos datos de cada época, que son parte de su cultura.

Y SIN EMBARGO, HOY EN DÍA…
…ha surgido un concepto distorsionado de la moda. Se habla de frivolidad sin sentido profundo, de una frivolidad vendida desde fuera, de una moda extranjera con una estética estilizada irreal que no es la del común de la gente, de nuestra gente, sino la de los medios.

Como muchos otros aspectos de la cultura, la moda se ha vaciado de significado, se ha alejado de nosotros, de lo que somos y hemos sido en esencia. Ha creado un anhelo hueco de ser como alguien más, de tener esa “perfección física” que vende belleza espiritual y que es falsa, ajena e irreal.

Hombres y mujeres de hoy, que desean tener una línea ligera y ágil, antiguamente no habrían tenido vergüenza por su exuberante corpulencia, ya que hasta las primeras décadas del siglo XX ser corpulentos era sinónimo de bienestar, en contraste con la apariencia miserable y seca de obreros y desempleados que padecían hambre.

¿CUÁL ES MI PROPUESTA?
Yo, como diseñadora, propongo una reconceptualización de la moda. Hablo de una moda individual, no colectiva. Con sentido profundo y personal, no sin sentido. Una moda con belleza fluida, natural, y no con una estética estilizada extranjera. Hablo del poder de expresión de la moda, del vestido como extensión de la personalidad. Hablo de ser uno mismo, de sumergirnos en la era en la que vivimos, la era de la imagen, de la expresión del arte a través de lo visual, del arte conceptual, en donde el objeto va mucho más allá porque contiene una idea, en donde el objeto cava más hondo, dice mucho más.

Aristóteles dijo: “La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia”. Si ligamos al arte con el diseño de modas y partimos de esta frase, atenuaríamos el exaltado valor del objeto de diseño en sí mismo y pondríamos su significado en contacto directo con la realidad, dando cuerpo a la esencia del objeto por medio de los conceptos, ideas e intenciones que están detrás de él.

Todo esto se resume en la noción de un diseño conceptual que favorezca y glorifique la expresión de las diferencias personales, que consagre el valor de la originalidad en la apariencia, que psicologice la moda con modelos que concreten emociones, rasgos de la personalidad y del carácter: tantas formas de ser como de vestir.

Mi propuesta es la de un diseño que dialoga porque está vivo, que dice algo del interior del que lo lleva puesto, que parte de la personalidad, de algo que se quiere expresar y no de la nada, de un remedo, de un rebaño, de un mimetismo de masas.

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Mi propuesta es la de un diseño que dialoga porque está vivo, que dice algo del interior del que lo lleva puesto, que parte de la personalidad y no de un mimetismo de masas

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