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Las causas virales en la era de la ira

El ensayo de Johan Norberg titulado “Progreso”, uno de los libros más condecorados y recomendados del año pasado, tiene un inicio amargo. La obra del escritor sueco es una defensa apasionada del presente en la que demuestra, de forma brillante y con datos duros, que la humanidad vive, de sobra, la mejor época de sus 200.000 años de historia. Da igual en qué ámbito; sea en comida, salud, educación o seguridad, la mayoría de los seres humanos tiene hoy una existencia ampliamente más cómoda que la de sus antepasados.

La mezcla de ira, entretenimiento y tecnología es imbatible
Daniel Márquez Soares
2017-07-13

 

Daniel Márquez Soares, periodista y académico

El ensayo de Johan Norberg titulado “Progreso”, uno de los libros más condecorados y recomendados del año pasado, tiene un inicio amargo. La obra del escritor sueco es una defensa apasionada del presente en la que demuestra, de forma brillante y con datos duros, que la humanidad vive, de sobra, la mejor época de sus 200.000 años de historia. Da igual en qué ámbito; sea en comida, salud, educación o seguridad, la mayoría de los seres humanos tiene hoy una existencia ampliamente más cómoda que la de sus antepasados.

 

No obstante, Norberg arranca su ensayo subrayando el pesimismo reinante en la humanidad. Ya sea en los titulares de los medios de comunicación o en las encuestas de opinión, las personas demuestran una visión negativa del presente e imaginan un futuro sombrío.

¿Cómo es posible que la generación más próspera de la historia de nuestra especie sea pesimista con relación al presente y al futuro? Quizás la respuesta yace en el fenómeno que mencionábamos en el artículo de la edición pasada [véase NUMBERS by KREAB, 19a edición, mayo-junio de 2017, 78-83]: la ira se contagia más rápido que la felicidad. Por ello, la indignación hacia al presente se ha popularizado mucho más que la satisfacción o la gratitud en una época en la que la tecnología de la comunicación permite que los mensajes y las emociones se expandan a una velocidad vertiginosa, inédita en la historia.

Justamente, otros autores como Pankaj Mishra, con su célebre La edad de la ira, Niall Ferguson en La gran degeneración, el propio Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo o Yuval Noah Harari se suman a esta visión desesperanzadora del futuro. Decretan que estamos viviendo los últimos coletazos de la época de razón y progreso que nos trajeron la Revolución Científica y la Ilustración. Para estos autores, la mezcla de ira, entretenimiento y tecnología es imbatible. El grueso de la población está condenado a caer seducido por la irracionalidad. El futuro le pertenece a las causas engendradas por la ira y la indignación, las ganadoras en el mundo actual de redes y entretenimiento.

Pero no solo es la ira. Las causas que se expandirán son aquellas que ataquen problemas que tengan un rostro, que sean artificialmente simplonas como para que la masa las entienda y que ofrezcan una salida fácil, que, aunque errónea, responda a la indignación imperante. Esa es la receta que los populistas y los fanáticos de hoy, los nuevos enemigos de la sociedad abierta, están aplicando exitosamente.

Las perdedoras son aquellas causas que son demasiado complejas como para que las entienda cualquier ciudadano, que carecen de un rostro al que echarle la culpa y, sobre todo, que no despiertan tanta ira. Es fácil movilizar ciudadanos contra el terrorismo, los corruptos o los inmigrantes, pero es mucho más difícil hacer que se levanten contra sistemas legales o financieros injustos, pero complejos, contra enfermedades prevenibles que matan a millones de personas o contra la falta de agua potable. Una desventaja del mundo actual es que los problemas más urgentes y de mayor impacto no son tan sentimentales, indignantes ni viralizables.

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Para numerosos autores, la mezcla de ira, entretenimiento y tecnología es imbatible, y el grueso de la población estaría condenado a caer seducido por la irracionalidad

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