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La conservación del patrimonio moderno, un reto para la arquitectura

Edificaciones como el Gobierno Provincial de Pichincha, el Archivo Nacional, el Banco Central del Ecuador, la Cruz Roja, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social o la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión son lugares por los que muchos quiteños transitan a diario, pero de cuya historia muy pocos conocen.

La Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión pertenece a la arquitectura moderna de Quito
Ana Ayala
2017-11-10

Todas estas construcciones, realizadas en el siglo XX, pertenecen a la arquitectura moderna de Quito, la misma que —al igual que otros períodos como la arquitectura preincaica, colonial, republicana, etc.—, a pesar de marcar un momento histórico, es lamentablemente muy poco valorada.

Preservarla, inventariarla y visibilizarla son algunos de los planes que tiene para los edificios modernos de la ciudad el Colegio de Arquitectos del Ecuador, núcleo de Pichincha (CAE-P).

“La arquitectura en general permite entender la cultura de una civilización. Las sociedades están definidas por la arquitectura y por otros elementos vinculados al arte en todas las partes del mundo”, detalla Pablo Moreira, presidente de la entidad, quien desde que comenzó su período se ha preocupado por que la arquitectura moderna “tenga un reconocimiento cabal por la gestión pública y sea reconocida como un hecho cultural importante para la sociedad”.

La arquitectura moderna se distingue por la expresión en el material, la forma y el espacio. Actualmente no hay un inventario completo de estos edificios, por lo que se dificulta también la puesta en marcha de declararlos patrimonio, dice Moreira.

En este sentido, Diana Araujo, asesora técnica del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), comenta que esta entidad municipal cuenta con un inventario base de arquitectura moderna de 125 edificaciones, más el inventario de 138 edificaciones que han recibido el “Premio Ornato”, de las cuales algunas entran en la clasificación de este movimiento.

Al momento, el IMP trabaja en un estudio de valores y significados arquitectónicos ―plasmados en una herramienta técnica adecuada para el registro―, por lo que aún no se han añadido nuevas edificaciones a dicho inventario.

“La arquitectura moderna también es patrimonio, porque el patrimonio lo que busca es la preservación de la cultura de cada nación”, expresa; y piensa que faltan voluntades de las instituciones estatales para reconocerla.

Detalla que en otras partes del mundo hay un movimiento importante para documentarla como patrimonio desde hace ya varias años, a través de Docomomo Internacional, organización sin fines de lucro creada en 1988 por el arquitecto Hubert-Jan Henket a la que se ha incorporado el CAE para trabajar en conjunto desde la sede en Ecuador.

Moreira cree que reconocer el patrimonio es un tema educativo que debe ser inculcado desde las escuelas. Es esta falta de conocimiento de la población lo que motivó a su institución a desarrollar el MIO Arquitectura Abierta Quito, unos recorridos efectuados en agosto en los que se conoció la historia de varios edificios modernos, de la mano de estudiantes y arquitectos de renombre.

Uno de los más concurridos y esperados fue el recorrido del arquitecto y cronista de la ciudad Alfonso Ortiz, quien relató la historia de varias edificaciones modernas de los parques El Ejido y La Alameda.

“Hay que entender que el patrimonio no solamente es lo antiguo, sino todo lo que tiene un significado para la sociedad actual. Tan importante es la iglesia de la Compañía de Jesús (del siglo XVII) como un edificio emblemático del siglo XX, en el que además de los valores espaciales puede haber valores estéticos, tecnológicos, de materiales”, menciona.

Ortiz explica que hay que cambiar esa óptica de que la arquitectura es algo desechable y aprender a reconocer los valores de cada período, ya que “la arquitectura tiene poder simbólico y refleja las intenciones políticas de cada época”, y desconocerla sería también ignorar el desarrollo que tuvo la urbe capitalina.

Por su parte, Karla Briceño, arquitecta que dirigió el recorrido del Teatro Capitol en el MIO, señala que lastimosamente aún existe una ideología en que solo se valora lo estético: “No contemplamos un lugar más allá de si es o no hermoso; debemos valorar la innovación de la época representada en sus edificaciones”.

LAS OBRAS INSIGNES, EN NUESTROS OJOS
La arquitectura moderna llegó en las primeras décadas del siglo XX con diversas personas que huían de las guerras ocurridas en Europa y se instalaron en Ecuador, entre ellas arquitectos, artistas, ingenieros, etc.

Poco a poco la cuidad empieza a transformarse gracias a la construcciones diseñadas por Carlos Kohn, Oscar Etwanick (Superintendencia de Bancos) o Giacomo Radiconccini (Teatro Capitol).

A la par, se suman con sus proyectos los ecuatorianos Milton Barragán (Templo de la Patria), Alfredo León Cevallos (Palacio Legislativo), Oswaldo De La Torre (Hotel Quito), Ramiro Pérez (Banco Central del Ecuador), Lionel y Enrique Ledesma (Cruz Roja), Mario Arias (Facultad de Economía de la Universidad Central)…

Estos son solo algunos ejemplos de la herencia arquitectónica moderna que hay en Quito. Es por ello que Pablo Moreira considera que varias de estas edificaciones podrían ser declaradas patrimonio.

Alfonso Ortiz piensa que las autoridades pueden emitir leyes para su amparo; sin embargo, explica que no se puede proteger todo, ya que “hay que tener mucho cuidado para no congelar las inversiones inmobiliarias que, de alguna manera, son las que vitalizan la ciudad; y hay también, cuando se proteja un edificio, que pensar en los nuevos usos, usos contemporáneos y actuales que se puedan brindar dentro de estas estructura históricas”.

Por su parte, Diana Araujo explica que la Constitución (2008), La Ley Orgánica de Cultura (2016), el Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial 2015-2025 y la Ordenanza Metropolitana n° 260 de Áreas y Bienes Patrimoniales (2008) reconocen el patrimonio arquitectónico como componente del patrimonio cultural de la ciudad y el Estado, por lo que determinan pautas, políticas y normativas para su preservación y difusión.

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Para Alfonso Ortiz, arquitecto y cronista de Quito, “la arquitectura tiene poder simbólico y refleja las intenciones políticas de cada época”

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AUTORA DEL ARTÍCULO:
Ana Ayala Moreno,
periodista, NUMBERS by KREAB

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