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Cine documental: diferentes lentes, diferentes perspectivas
2017-07-11
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EDOC es un festival referente del cine documental que en su última edición presentó 88 cintas
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Comparte en: Instagram facebook email Por: Ana Ayala     4'    1     129     Te gustó?
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No solo Ecuador, sino toda Latinoamérica es un territorio en el que el apoyo a la cultura y a las artes aún es reducido; pese a ello, en los últimos tiempos han despegado la producción, el impulso por el séptimo arte y el involucramiento de los espectadores hacia lo producido en cada uno de sus países.

La plataforma digital de promoción del cine Retina Latina destaca cifras del cine de la región. Por ejemplo, en México los 90 estrenos locales sumaron 30,5 millones de espectadores en 2016, casi el doble de los 17,5 millones de 2015.

Asimismo, en Colombia hubo un total de espectadores de 4,3 millones, un realce del 26% frente a 2015, con una cuota de mercado superior al 7% en los 36 estrenos colombianos.

En el caso de Argentina, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) registra que, de las 199 películas argentinas estrenadas en 2016, 70 fueron documentales. Además, en los dos primeros meses de 2017 se vendieron 763.532 entradas para ver producciones propias, dato que refleja un incremento del 133% con relación al mismo período en 2016.

Otro gran mercado cinematográfico es Brasil. Según la Agência Nacional do Cinema (ANCINE), en los últimos 15 años esta nación ha trabajado mediante incentivos fiscales, el estímulo de la inversión privada en el sector y mediante el Fondo del Sector Audiovisual. De igual forma, la venta de boletos en salas recaudó más de 2 billones de reales en 2016 y, a la vez, se instituyó un nuevo récord de 143 largometrajes brasileños estrenados en cines.

Aterrizando en el territorio nacional, el Consejo Nacional de Cinematografía del Ecuador (CNCine) indica que antes de 2007 el país producía tan solo una película por año, mientras que luego de siete años pasó a estrenar 16 filmes, que en algunos casos fueron a festivales internacionales.

Justamente son los festivales los que se convierten en ventanas de exposición para el cine documental. Uno de los más reconocidos en Ecuador es Encuentros del Otro Cine (EDOC), un festival netamente de proyección documental, que en su última edición celebrada en mayo en Quito presentó 88 cintas internacionales y nacionales. NUMBERS aprovechó este evento cultural y se acercó a diversos cineastas y productores invitados, para conocer de cerca sus apreciaciones sobre este arte, las nuevas tendencias, la incidencia de la tecnología, el cambio de los espectadores y, por supuesto, lo que queda pendiente para su total impulso.

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Claire Simon, guionista, actriz, camarógrafa, editora y directora tanto de películas de ficción como de documentales fue la invitada especial, y nueve de sus filmes se proyectaron de los EDOC.

Para la francesa, el documental es una forma de cine que a veces se ha confundido con la idea periodística de la actualidad y la política. La política es vital, mencionó, pero personalmente ella no elige temáticas de guerra o conflictos, sino que se interesa más por la banalidad, ya que debajo se enlistan historias fuertes. El documental es “el arte de la improvisación”, afirma.

Explica que en los años 70 surgió un cine comprometido; luego, en los 80, el cine de ficción fue muy académico, pero poco motivante; en los 90, en cambio, el cine documental logró que se renovase el vínculo entre la sociedad y este arte. En esa misma década también se gestó una pelea de parte de los documentalistas para que sus películas fueran proyectadas en las grandes salas de cine, sin restricciones.

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“El documental es un género muy libre. Puedes hablar de cuestiones políticas o sociales y de cuestiones personales”, menciona Laís Lifschitz, editora de No intenso agora del director João Moreira Salles, película que inauguró los EDOC.

Cree que actualmente hay una tendencia por hacer documentales partiendo desde experiencias personales o familiares; no obstante, piensa que como latinoamericanos tenemos esa urgencia de comunicar a otras partes del mundo los actos coyunturales.

Laís explica que el cine documental en Latinoamérica todavía anda escaso de espectadores. En esta tesitura, considera que no solo los festivales son importantes para impulsar esta industria, sino que hace falta un intercambio de cintas entre países y generaciones para retroalimentar la manera en que se hacen las películas y estar más empapados de las realidades de la región.

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Al tocar la temática relacionada con la incidencia de la tecnología para hacer filmes, la francesa Florence Jaugey —quien dirigió el filme Girasoles de Nicaragua— expresa que lo ha beneficiado, en el sentido de que es menos costoso realizar una producción, la posproducción es más ágil, especialmente para Latinoamérica donde no hay centros para ello. “Con una computadora y una cámara se puede lograr la película”, dice, obviamente sin prejuzgar el talento y el conocimiento de quien lo ejecuta.

Las nuevas tecnologías también han cambiado el rol del espectador, ya que ahora su relación es más directa. Ello se convierte en un reto para los cineastas, manifiesta Jaugey, porque las personas se han acostumbrado a ver películas en aparatos pequeños y no tienen la misma concentración que alguien que mira un filme en una sala grande y acompañado de otros espectadores.

Por otro lado, estima que el documental debe ser una búsqueda de identidad y de construir historias conmovedoras que revuelvan la parte humana del espectador.

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ECUADOR: ENTRE LA VOLUNTAD Y LAS CARENCIAS
Según el CNCine, de las 57 películas ecuatorianas estrenadas en salas comerciales desde 2007 hasta 2015, solo 14 fueron documentales.

Por otra parte, el Estudio de audiencias de cine en el Ecuador, realizado en septiembre de 2015 por Marketing Consulting, determinó que el género favorito del 70% de los ecuatorianos es el cine de acción; 62% comedia; 35% terror; 34% drama; 27% ciencia ficción y 21% el género romántico. Solo un 15% gusta del documental.

Además, este estudio reveló que el 64% vio alguna vez una película producida en Ecuador y en el año en que se desarrolló la investigación solo un 27% había visto una producción nacional. Pese a ello, el 51% se sentían orgullosos del momento que vive el cine nacional. Entonces, ¿qué hace falta?

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Para la cineasta Antonella Carrasco las políticas públicas no son suficientes, sino que ha de crecer el involucramiento de las personas, situación que para ella se va profundizando.

En cuanto al estilo de hacer cine, Carrasco —quien fue becada para realizar el documental Pele, my Paradise— sostiene que en Ecuador se mezcla un poco de ciencia ficción con las historias reales. “Ya no hay reglas tan cuadradas”.

En cuanto a las tecnologías, piensa que le han permitido llevar al espectador adonde quizá nunca ha imaginado y brindarle más sensaciones, por ejemplo, estar debajo del agua o en lugares pequeñísimos, en los que una cámara antigua no hubiese entrado jamás.

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Álvaro Torrelli, codirector de Desde que bailas, en cambio, relata que el cine documental en Ecuador está recién naciendo, con los altibajos del que “intenta emprender y se cae”.

Desde su perspectiva, el documental no encuentra las ayudas necesarias y efectivas para que diferentes instituciones quieran financiarlos; sin embargo, “me parece hermosa la lucha que se está gestando para que el cine documental emerja”.

Además, está convencido de que existe una tarea pendiente de evaluación del material de archivo, que ha sido muy poco visibilizado y que guarda mucha de la esencia de los ecuatorianos.

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Desde su visión como espectador, ya que solo hace siete años que se dedica al cine, Andrés Cornejo, director de El utilero, expresa que a pesar de las múltiples urgencias del cine documental, como la falta de presupuestos, la producción nacional ha ido creciendo porque hay gente que quiere contar sus males.

Actualmente, en Ecuador se realizan diversos tipos de relatos. No obstante, está convencido de que “hay que entender que somos seres políticos y que como cineastas debemos comprender que a partir de eso estamos construyendo nuestras historias”. Cornejo no se refiere a una política institucional, sino desde la actitud y el comportamiento.

“Creo que el cine documental ha hecho muy bien a este país y lo ha dejado en una posición bastante digna”, expone.

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El cine documental toma impulso y se instala entre los espectadores, pero en general aún hay mucho por hacer, sobre todo en temas económicos y de difusión

(Fotos cortesía de EDOC)


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